Los dividendos, un factor de rentabilidad

¿Qué hace una empresa con los beneficios que obtiene al final del ejercicio fiscal? Tiene varias opciones: puede reinvertirlos o puede entregar una parte a sus accionistas en forma de dividendos.

Aprobado por decisión de la Junta General de Accionistas a propuesta del Consejo de Administración, el pago de dividendos puede realizarse en efectivo o en acciones. En cualquier caso, la compañía debe fijar la cuantía del dividendo por acción.

Una práctica habitual hoy en día es recurrir a la modalidad de dividendos flexibles (“scrip dividends” en inglés), por la que se ofrece a los accionistas la posibilidad de elegir entre cobrarlos en efectivo o en acciones.

A su vez, los dividendos pueden clasificarse en dos grandes grupos:

  • Dividendos ordinarios, que normalmente se reparten de manera semestral (en los meses de invierno y verano en muchas empresas que cotizan en el IBEX 35) o trimestral. El pago puede hacerse primero a cuenta, es decir, se reparte una cantidad inicial como anticipo a los resultados finales de la empresa, y, más tarde, se completa con la cantidad restante.
  • Dividendos extraordinarios, motivados por resultados imprevistos de la empresa.

De cara a cobrarlos, el titular de las acciones debe asegurarse de que su nombre se encuentra en los libros de registro de la empresa. Para ello, debe adquirir las acciones al menos tres días hábiles antes de la fecha en que la compañía consulta ese registro para elaborar la lista de accionistas.

Su relación con el desempeño de las acciones

El pago de dividendos normalmente supone un atractivo adicional de cara a los potenciales inversores, aunque no deben ser el único factor que hay que tener en cuenta a la hora de decidirse por las acciones de una empresa frente a las de otra. 

En líneas generales, se puede considerar que las empresas en crecimiento no reparten dividendos, porque reinvierten todos sus beneficios en financiar esa expansión. Las empresas que se encuentran en una parte del ciclo más “estable”, en cambio, sí suelen repartir beneficios. 

Pero esa circunstancia también influye en el precio de cotización de las acciones: las acciones de las empresas en crecimiento tienden a crecer a su vez, mientras que las acciones de las empresas consolidadas tienden a no experimentar grandes variaciones. Aunque, por supuesto, esto no es una ley universalmente aplicable.